Conxita López Martín

Psicóloga colexiada G-2981 do COPG, membro do GIPCE, psicoterapeuta familiar e docente acreditada pola ATFM de Galicia

«Pórtate bien, los Reyes Magos te vigilan»

«Pórtate bien, los Reyes Magos te vigilan»

Colaboración nun artigo coa periodista Cinthya Martínez para La Voz de Galicia.

«Pórtate bien, los Reyes Magos te vigilan»: por qué el chantaje a los niños no es la mejor estrategia educativa

Aunque pueden resultar frases inocentes, para aquellos pequeños más sensibles, sentir que están siendo vigilados constantemente puede provocar ansiedad, inquietud e inseguridad

C.MARTINEZ
04 ene 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Empieza la cuenta atrás para que Melchor, Gaspar y Baltasar lleguen a los hogares de todos los niños. «Pórtate bien, que si no, no vienen los Reyes Magos», «cuidado, que te están vigilando». ¿Les suenan las frases? Son bastante típicas de estas fechas y esconden una realidad: el chantaje a los niños. «Aunque nos cueste admitirlo, se han transmitido de generación en generación y pueden considerarse como tal», avanza Sara Tarrés, psicóloga infantil y familiar. Aunque la experta reconoce que muchas veces se dicen sin pensar, desde el piloto automático, «el hecho de que estén culturalmente normalizadas no elimina su impacto emocional, por lo que conviene detenernos a reflexionar».

Concuerda Conxita López Martín, psicóloga educativa, miembro de la junta directiva da Sección de Psicoloxía Educativa del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG): «É xogar con algo que para eles é profundamente simbólico e máxico». Según sus palabras, cabe recordar que los pequeños están muy activados durante las vacaciones: sin clases, fuera de la rutina, con muchos estímulos, regalos y visitas de familiares, «coincidindo ademais cun período de múltiples ocupacións para o resto de membros da familia».

Puede resultar una frase inocente y, en muchas ocasiones, lo es. «Pero para algúns nenos e nenas, especialmente os máis sensibles ou perfeccionistas, sentir o ollo omnipresente dun Rei Mago enriba deles, ou simplemente a idea de pensar que están vixiados durante todo o tempo, pode causar ansiedade, inquedanza e inseguridade, e mesmo chegar a provocar pesadelos», amplía la psicóloga. Por eso, no es conveniente usar la idea de vigilancia constante como herramienta de control. «Xa que o medo pode conseguir unha obediencia puntual, pero non contribúe a construír seguridade emocional nin unha aprendizaxe significativa nos menores».

«Este impacto es especialmente relevante en la infancia temprana y media, aproximadamente hasta los siete u ocho años, que es cuando más las usamos para tratar de controlar su comportamiento», sostiene Tarrés. Justo en estas edades es cuando los niños entienden el lenguaje de una forma muy literal. «El mundo simbólico y real se entremezclan con facilidad, de modo que la idea de que ‘‘alguien te está mirando y juzgando si te portas bien o mal’’ puede generar angustia. Aunque para los adultos forme parte de la magia, en algunos casos genera miedo, inquietud, inseguridad, en definitiva, malestar emocional», añade.

Una estrategia educativa poco efectiva y con contradicciones

Además de ser un chantaje, este tipo de técnicas son, en palabras de Martín, nada efectivas. «Pretender que se porten ben usando a ‘‘autoridade máxica’’ dos Reis Magos de Oriente non é boa idea, porque estamos trasladando a responsabilidade de educar a alguén alleo ao núcleo familiar, como se os propios proxenitores non tiveran suficiente capacidade para poñer límites, acompañar, soster emoción e corrixir aos pequenos».

Los Reyes Magos están atentos a los niños, pero durante todo el año. «Precisamente estes días, cando os cativos están máis inquedos, carece de sentido que os Reis Magos se fixen só no comportamento destas datas, esquecendo o do resto de días que transcorreron no ano», considera Martín. Lo que importa es el proceso. «Valorar as accións positivas que realizaron ao longo de todo o ano, e non xulgar só a súa conduta durante as vacacións de Nadal».

Tanto este tipo de chantajes, como las amenazas, recompensas condicionadas o el miedo, no son buenas estrategias para controlar el comportamiento de los más pequeños. «Se os pequenos obedecen máis por temor que por comprensión, ou se amosan resistencia, ansiedade ou inseguridade fronte as nosas indicacións, pon de manifesto a necesidade de reflexionar sobre o noso estilo educativo e sobre o ambiente emocional que se respira na casa e na familia», expone. «Resulta moito máis adecuado ensinar que portarse ben non é para recibir agasallos, senón por respecto, coidar dos demais e asumir responsabilidades. Deste xeito, a motivación procede do propio comportamento e non do medo nin da expectativa de obter unha recompensa», añade.

Asimismo, no olvidemos que los niños perciben contradicciones: ven que otros niños reciben regalos independientemente de cómo se hayan comportado, lo que genera inevitablemente confusión. «Se preguntan cómo es posible que niños que “se han portado mal” reciban muchos regalos, mientras que ellos, aun habiéndose esforzado por portarse bien, tal vez no reciben lo que esperaban», considera Tarrés.

¿Una recompensa material?

Es difícil no caer en el materialismo cuando vivimos rodeados de estímulos constantes que nos empujan a ello. «Sí, a veces se nos va de las manos y compramos en exceso, en un contexto social que fomenta la compra impulsiva y la idea de que más es mejor», lamenta Tarrés. Gusta mucho ver la cara de ilusión de los pequeños cuando abren regalos. «Y es comprensible que queramos que los Reyes Magos les traigan todo cuanto piden y más. Sin embargo, conviene preguntarnos qué función cumple el regalo y qué recuerdo queremos que el niño conserve de estos días. Cuando hay demasiado, el valor emocional se diluye y el disfrute se dispersa». La psicóloga recomienda pensar y valorar las compras en estas fechas. «Un regalo pensado, ajustado a su momento evolutivo y acompañado de tiempo y presencia, suele tener un impacto mucho más significativo», opina Tarrés.

Portarse bien no debe ser sinónimo de más regalos. «Senón por respecto, coidar dos demais e asumir responsabilidades. Deste xeito, a motivación procede do propio comportamento e non do medo nin da expectativa de obter unha recompensa», remarca Martín. Melchor, Gaspar y Baltasar no solo se fijan en lo material. «Os Reis Magos tamén poden deixar unha breve carta recoñecendo avances dos rapaces, cousas boas que fixeron e sinalando con agarimo aquelas nas que se pode mellorar. Poden centrarse nas condutas positivas, en lugar de aquelas negativas, que nos molesta ou desagradable para as persoas adultas», amplía.

Lloros y angustia en la cabalgata, la otra realidad

La cabalgata de Reyes está pensada para ser un momento mágico tanto para los niños, como para muchos adultos. «Pero tamén pode suceder que algúns nenos e nenas non a sintan do mesmo xeito. As aglomeracións, o ruído, a presenza de personaxes pouco habituais, empurróns para coller os caramelos e o medo a perder a súa familia de vista poden resultar experiencias inquietantes e xerar incomodidade ou rexeitamento. Incluso poden evitar asistir se gardan lembranzas pouco agradables doutros anos», reflexiona la miembro del COPG. «Cuando un niño llora o se niega a acercarse, a sentarse o a entregar la carta, lo más importante es mantener la calma. Mostrar disgusto, decepción o insistir en exceso solo aumenta su malestar y refuerza la idea de que debería hacer algo que le genera miedo», concuerda Tarrés.

Pero como adultos, se puede ayudar a gestionar ese miedo. «Acompañar en estos casos significa escuchar y respetar su vivencia: validar su miedo, transmitirle seguridad con palabras y gestos y no forzar la situación. Podemos intentarlo una vez, anticipar lo que va a pasar u ofrecer alternativas, pero si el niño no quiere, es importante saber respetar su rechazo», comenta Tarrés.

Ante todo, no conviene forzar la participación del niño si no le apetece. «O que realmente importa é respectar os seus sentimentos, buscar alternativas que lles resulten agradables e manter a ilusión destas datas sen exercer presión, permitindo que cada quen goce do Nadal ao seu propio ritmo, porque a verdadeira maxia está en sentirse escoitado, acompañado e seguro dentro da familia», concluye Martín.